lunes, 13 de octubre de 2014

Iniciativa Escribiendo Juntos CBA: Sobreviviendo a la ciudad

Iniciativa Escribiendo Juntos CBA
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La ciudad me tiñe la piel de gris. Un tenue y triste gris. Hace que mis escamas lagrimeen y mis alas se tuerzan entre sí. Lo único que me mantuvo a salvo fue lo que al final me derrumbo y se volvió en mi contra. Sin embargo, al parecer, así es la vida: se construye y se destruye a sí misma. Una y otra vez.
Recuerdo que él era el único que importaba entre la multitud; él y su maravillosa sonrisa.
¿No es triste que los que tienen una sonrisa hermosa no puedan verse mientras sonríen? No creo que un espejo pueda reemplazar la realidad tan minuciosamente. ¡Qué lástima! Pero aun así, no entendía. ¡Qué había pasado conmigo! ¡Hermosos colores florecían de repente entre las piedras!
Todavía, en estos días, realmente no entiendo cómo sucedió. Fue tan repentino.
Me enamore. Tan simple y tan fácil que no lo podía creer. Era tan feliz, hacia tanto tiempo que no veía a colores. Todo era maravilloso: la arena, el mar, el cielo, las estrellas. Pero todavía no podía creerlo, no era tangible. ¡No podía ser cierto!
Además, me sentía bien, jamás me había sentido así cuando me enamoraba. Era como si fuera visible, ya no era transparente, los colores se reflejaban sobre mi cuerpo y él los veía. Había llegado a los cielos, estaba por conseguir la victoria, todo lo que había soñado apareció como si fuera arte de magia frente a mí.
¿Alguna vez pensaron que explotarían de alegría? Esa es una buena forma de describir el amor. 
Pero la realidad regreso para derrumbarme, y caí bien bajo, como siempre pasaba. De alguna forma, todas las veces que intentaba algo, terminaba sola. Fue un golpe duro, jamás hubiera pensado eso, jamás el amor me había pegado así o me había enamorado de alguien a quien realmente amaba. Antes el amor era un juego de palabras, y ahora se había convertido, en una tortura. No pude escribir nada en un tiempo, estaba demasiado deprimida.
Yo me fui, él no me siguió ni me pidió que me quedara y no lo culpo por eso. No me rompió el corazón al no mostrar amor por mí, sino al mostrar desinterés. Hubiera preferido que me gritara, que me abandonara, que se burlara de mí, antes de que solamente me ignorara y ni siquiera viniera a decirme adiós.
En resumen: yo me fui, él no vino a despedirse.
Y volví a esta ciudad de muertos a caminar en busca de otra persona en la multitud que me muestre colores. Ahora, he vuelto a donde comencé, un lugar gris y confuso, triste y cruel. La verdad, no extrañe este hormiguero para nada, espero no tener que pasar mucho tiempo aquí.
Pero como pasa seguido, el amor no está en mis planes y no puedo dedicarle mucho más tiempo. Tengo otras cosas que hacer. Tengo que seguir mi vida. Sin embargo, los colores ya no están, se han ido otra vez, temo no poder recupéralos jamás y dejar de creer en ellos con el paso del tiempo.
Por primera vez en mucho tiempo, no sé hacia dónde ir, antes esto me sucedía porque no había caminos y ahora, en cambio, los caminos son tantos que me aterran. La ciudad se ha vuelto un laberinto donde cualquier paso en falso que dé puede convertirse en una pesadilla interminable. Los muros trepan creando serpientes de concreto que se derrumban sobre mis hombros. Quiero irme, quiero irme inmediatamente. Pero eso no es posible, siempre hay cadenas que nos atan a la ciudad y sin importar cuánto queramos irnos, no llegaremos muy lejos. Ya ni siquiera lo intento.
Busco una plaza, antes de que la contaminación absorba el poco aire que me queda. Me subo a un árbol y me quedo allí mirando atentamente todo como si fuera un gato. Soy diferente y las personas lo notan, algunas se sienten identificadas, y otras en cambio, amenazadas. Debo permanecer concentrada, no puedo perderme de vista nada, cualquier gesto puede significar una advertencia. Saco un libro y finjo que leo para no levantar muchas sospechas.
Sé que algo va a pasar, lo puedo presentir en el aire, en las personas, en la monotonía. Es como si la gente fuera en cámara lenta, aun cuando parecen realmente apurados; el aire sopla pero parece proveniente de otra dimensión, es como si no encajara aquí; y las luces parecen dilatarse y convertirse en niebla. Definitivamente, algo está por suceder.
Y como si fuera parte de un sueño, sucede. Explotan iridiscentes colores frente a mí. Una estruendosa explosión choca contra mis oídos y la gente corre lejos de allí, pero yo comienzo a caminar en sentido contrario. Voy hacia el fuego, no sé por qué, mis extremidades no me siguen, ya no. De alguna forma, siento que mi cuerpo sabe lo que hace.
Camino tranquila y pausadamente entre el fulgor abrasador. Debería estar quemándome, pero no siento nada, es como si fuera una ilusión. Llego al medio de las llamas y estas se esfuman convirtiéndose en cenizas (Qué irónico)

Ahora lo sé, estoy en un sueño, no es la primera vez que me doy cuenta que estoy en un sueño, y a veces me gusta controlarlos.  ¡Genial! ¡A divertirse! Tengo que hacer todo lo que pueda porque en cualquier momento me puedo despertar.
Pero, ¿Qué puedo controlar? Miro hacia mí alrededor y los autobuses comienzan a conducirse hacia arriba, como si no hubiera gravedad; miro hacia el cielo y comienzan a llover burbujas multicolores. Es como en El Origen, yo hago las reglas, este es mi subconsciente, y puedo hacer lo que quiera.
En la esquina, hay una pinturería, agarro una lata de pintura como si fuera mía y empiezo a esparcirla en la calle, pinto todas las paredes vacías, todos los adoquines y baldosas. Así sucesivamente, en todos los lugares a los que voy. Escribo poemas en el cielo, clavo flores en los semáforos y tiro burbujas en los bancos. Es maravilloso.
Entro en las librerías y leo todos los libros, como miles de caramelos y chocolates, visito las heladerías. Además, también saludo a las personas: Juan, el panadero, quien es más distante en esta realidad; María, mi vecina, que no es tan falsa acá, es más hasta podría decirse que es amable; el perro de la señora Turner que habla y comenta sobre política, una política algo particular. Obviamente, tengo conversaciones raras con ellos ya que el sentido no existe en este mundo.
-        Hola, Señor ¿Vio los avestruces mañana?
-        Si, estuvieron horrendos y me encantaron. Mil malos deseos.
-        Como oiga.
Adoro este lugar.
Repentinamente, traigo la noche. Me subo a un edificio, el más alto de todos, me acuesto sobre la cornisa a mirar las estrellas, las cuales hago bailar y cambiar de colores como si fuera una obra dirigida por mí misma.
Luego de un tiempo, comienzo a aburrirme, ya tendría que haber despertado, debo estar en un sueño pesado. Así que, hago que el viento toque algo de música y dejo que mi inconsciente sea libre de elegir qué canción, y elige “Dont Know why” de Norah Jones. Por lo que repentinamente comienzo a sentir una nostalgia pegajosa.
Aún no despierto y las horas y los días parecen concurrir insoportablemente. Todos los días, a cierta hora, traigo la noche y me siento a ver las estrellas con algo de música. Pero cada vez, la agonía es más grande, el aburrimiento pesa más y las canciones se repiten incesablemente. A veces las noches se hacen largas y no deseo terminarlas, ya que no sé qué hacer si traigo el día. Instantáneamente, ya no quedan espacios por pintar, ya no me sorprende la magia de este lugar y me encuentro desolada y confundida. Este sueño parece ser infinito.
¿Qué sucede? ¿Por qué me siento así? Este lugar es ideal, sin embargo hay un vacío mortífero dentro de mí, algo me falta y no sé qué es, por lo cual, no puedo crearlo. Mi corazón es como si fuera un túnel, el cual se ha derrumbado y no puedo llegar al final. Me he cansado de pintar, ahora solo quiero una ciudad gris y monótona. Tal cual como era antes, ya no me divierte colorearla, es inútil. La felicidad me ha carcomido mis sentidos y formo una depresión insondable en mis entrañas.
¿Cómo hago para poder despertar? Necesito volver a mi realidad, necesito salir de aquí.
Me subo a la cornisa del edificio, no importa mi temor a las alturas, es un sueño. Desde allí la ciudad se ve hermosamente grisácea y melancólica, casi que coincide con mi humor. Miro hacia abajo, los autos corren veloces y las luces titilan, cierro los ojos y respiro hondo. Si hay una forma de salir de aquí, es esta. Me dejo caer. Sin embargo, la gravedad se vuelve agua y me sumerjo en miles de burbujas revoloteadoras. Floto sobre las olas del aire confundida y mojada.
¿Qué sucede?
Lo vuelvo a intentar y caigo sobre el piso, suave y acolchonado que abraza mi piel. Esto es una excesiva protección, siento náuseas, la adrenalina desaparece de mi cuerpo y escapa lejos, es como si desapareciera hasta la última pizca de emoción de mi alma.
¿Por qué no puedo despertar? ¿Qué es este maldito lugar? Imposible. Esto no era parte del plan. No puedo morir. Es horrible. Es como si todo dejara de tener sentido, la vida se convierte en pura vanidad y el sueño es una odiosa ilusión eterna.
La claustrofobia me atrapa y me obsesiona. Necesito encontrar una salida, tal vez si me duermo pueda cambiar las cosas. Me acuesto sobre la terraza del edificio fría y sucia, pero despierto en el comienzo del sueño, devuelta en la misma ciudad gris, con el mismo cielo, con las mismas reglas. Y si lo intento de vuelta, vuelve a pasar.
Estoy encerrada en un sueño. Es una pesadilla. Mi inconsciente me ha tendido una trampa. Pero, ¿Cómo he llegado aquí? Debo recordar dónde estoy en la realidad, eso me ayudara a entender esto. Qué raro… no recuerdo nada… Es más difícil recordar las cosas de la realidad cuando soñamos, debo buscar una pregunta más fácil de responder.
¿Qué recuerdo? A él y su maldita sonrisa, pero no recuerdo cuando se fue ni por qué, todo es confuso. Pensar que, aún después de que me dejo, le quiero. Todo es tan complicado, allá, acá, en fin, en cualquier lado. El amor siempre me complica las cosas, si solo no lo extrañara tanto cuando no está.
Y de repente, desde la azotea del edificio, lo veo; aquel hombre que me causo tantas penas y llantos. Allí esta él, tan deslumbrante como siempre, con su camisa verde. Odio este lugar, es una tortura.
Rápidamente, me tiro al cielo y bajo a la calle sin pensarlo, es como si el sueño me guiara hacia un momento incómodo que no quiero que suceda, pero no puedo evitarlo, estoy perdiendo el control del sueño, es decir, de mí misma.
Él me ve y me sonríe, por lo que cambio de opinión e intento de alejarme, logro realizarlo. Sin embargo, me persigue hasta acorralarme. Pensé que la adrenalina no estaba más conmigo aunque al parecer, algo quedo. No obstante, si no puedo morir ¿A qué le tengo miedo? … A perder algo que amo…
Se acerca y me abraza.
-        Te estaba buscando – me susurra al oído.
Cierro los ojos atrapada y rodeada entre sus brazos, ya no hay salida. Comienzo a llorar, no sé por qué, pero sé que tengo una razón que no la recuerdo porque estoy soñando.
Me dejo caer relajada sobre su pecho. Le extrañaba, aún me gusta el calor que emana de su cuerpo, de alguna forma me siento segura y protegida, como si fuera indestructible, junto a él. No me quiero separar, intento de alargar todo lo que puedo el momento.
De repente, me despierto sobre mi cama. ¿Qué sucede? ¿Por qué? ¿Qué paso? ¿Qué he hecho? No entiendo, quiero volver. Lo necesito. Mi mente regreso al comienzo del sueño. Su abrazo me trajo de vuelta al comienzo ¿Por qué? ¡Qué locura!
No obstante, presiento algo raro. Intento de controlar las cosas y no puedo. Sigo intentando, pero es como si ya no pudiera controlar lo que sucede. Los recuerdos vuelven a mi mente, el accidente, su muerte. La camisa verde ensangrentada.
Empiezo a sentir miedo, hace mucho tiempo que no estoy en la realidad. Intento de volver a dormirme, no quiero quedarme, este lugar es mucho peor que el sueño. Mis intentos son inútiles, me es imposible dormir, así que salgo a caminar, necesito un poco de aire.
Camino por la misma calle que camine en los sueños una y otra vez, la cual sigue siendo gris y sin colores ni flores ni burbujas. Y de repente, presiento que algo va a pasa, que algo está mal. La misma sensación del sueño se repite. ¿Sigo soñando?
Explotan estruendosamente llamas frente a mí, al igual que en el sueño. Intento de controlarlo, sigo sin lograrlo. La gente va en sentido contrario al mío. María me ignora y se encima entre las personas, Juan me grita que corra y Turner viene hacia mí desaforado.
-        Hola, señor ¿Ha visto a los avestruces mañana?
El perro sigue de largo sin siquiera mirarme. ¡Qué raro! Solía tener lindas charlas con él, ni me vio. Este lugar es una pesadilla interminable ¿Seré aún inmortal?
El vacío se ha vuelto inmensurable. Ahora lo recuerdo todo, su cuerpo sobre el suelo y sus brazos a mí alrededor cayendo frágiles sobre la gravedad. Sus ojos cerrándose para siempre y los colores apagándose. “Él que no vino a despedirse” estaba increíblemente muerto y lo recuerdo perfectamente bien ¿Qué lugar es este? ¿Qué son estos pensamientos? Quiero volver al sueño, quiero abrazarlo más tiempo. ¡Qué clase de mundo es este!
Al contrario de todos, como ya he hecho antes, voy hacia la explosión. Pero esta vez algo es diferente. Me introduzco en las llamas, y de esa forma, me libero de esta horrible pesadilla, el recuerdo me desencadena, y finalmente soy libre. En esta realidad, no es como en el sueño, tengo elección.
La ciudad me tiñe la piel de gris. Un tenue y triste gris. Hace que mis escamas lagrimeen y mis alas se tuerzan entre sí. Lo único que me mantuvo a salvo fue lo que al final me derrumbo y se volvió en mi contra. Sin embargo, al parecer, así es la vida: se construye y se destruye a sí misma. Una y otra vez.

Shasmine Cianne

2 comentarios:

  1. ¡Wow! Me encantó tu historia. Tiene todo: amor, muerte, originalidad, sentimientos... ¡Me gustó mucho!
    Espero poder leer tu próxima historia.

    Saludos.

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  2. Mil gracias, me costo mucho escribirla, no estoy acostumbrada a hacer historia de esta extensión...miles de saludos, seguramente publicare la próxima. :)

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Shasmine Cianne



Hola, extraterrestres. ¡Bienvenidos a mi mundo! Este blog para mí es como un diario de viaje donde puedo ser yo misma y ver todo mi progreso a través de los años. Ya somos 40000 visitas y ya son 5 años que dedique a este blog, lo cual me tiene muy entusiasmada ya que he tenido que aprender un montón de cosas para que todo esto siga en pie como lo ven ustedes ahora (la mayor parte de obstáculos fueron voces internas, no las escuchen jamas).