miércoles, 5 de febrero de 2014

Lágrima de soledad congelada

Lágrima de soledad congelada
 Ella se despierta de un sueño algo confuso porque comienza  sentir calor en sus pies. Con los ojos entreabiertos ve una luz azul cegadora que la desorbita rápidamente. Intenta despejarse y se levanta asustada. Una línea de fuego azul la rodea y no tiene salida. No sabe qué hacer así que comienza a pedir ayuda.
No hay nadie allí. Pero de repente, se acerca un hombre que ella cree conocer, del cual su alma es un misterio, y él la mira hablándole calmado.
-       Debes saltar antes de que el reloj marque las doce, tienes poco tiempo. Si no lo haces quedaras atrapada para siempre.
-       Pero, le tengo fobia al fuego. No puedo hacerlo.
-       Vamos, ven conmigo. No pasará nada, confía en mí.

Se acerca un poco y siente el calor por más de que sea invisible. Se aleja, tiene mucho miedo, no le gusta andar jugando con fuego.

-       No pasará nada, tranquila. No es lo que piensas este fuego es diferente. Es azul.
-       Entonces, ayúdame a salir.
-       Está bien. A la cuenta de tres salta.
-       Bien.
-       Uno, dos…
-       Tres
La mujer salta, toca el fuego pero ni siquiera lo nota. Cae al piso y queda desmayada por un rato. El frió comienza a congelarle los pies. ¿Por qué hay tanto frío esta noche? Quién sabe…
Al rato, ella despierta y está sola en su habitación. Sus pies están tan congelados que parecen de cristal y está completamente sola. ¿Dónde está el hombre ahora? ¿Se ha esfumado? ¿Cómo va a salir de la verdadera jaula que la encierra sola?
Pero ahora es tarde, el ya no está, se ha ido junto con el fuego azul. La nieve cae por los agujeros del techo y la comienza a tapar. Primero los pies azucarados, luego las piernas que tiritan, hasta llegar a la cintura. Allí el corazón empieza a latir mas despacio para irse apagando poco a poco.
Ella piensa sus últimas palabras, tiene que ser un momento especial, aquel que ha esperado toda su vida, una muerte gloriosa que valga la pena. Pero ninguna palabra le viene a la mente, no puede dejar de pensar en aquel hombre que la dejo allí sola. ¿Adonde se ha ido? ¿Por qué no ha vuelto? Ella lo necesita para que le de fuerzas y esperanzas.

'No obstante, él no volvió jamás. La respiración de la mujer se corto como si le clavaran un puñal o como si la miraran unos ojos muy profundos. 
Su última palabra fue “Libertad” sin embargo no habían oídos allí que la escucharan. Lo único que se supo de su muerte fue que una lágrima congelada se había quedado inmóvil en las llanuras de su rostro pálido.


 Shasmine Cianne

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Shasmine Cianne



Soy una escritora y blogger freelance con más de 4 años de experiencia. He concurrido a talleres de escritura y he aprendido conceptos básicos de edición de fotografías, diseño web y estrategias de Marketing Digital. Además, soy una estudiante universitaria de Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires.