jueves, 15 de agosto de 2013

¿Dónde está tu collar?(Bajo polvo)

¿Dónde está tu collar?

La noche se encontraba oscura y delirante, las sombras bailaban sin cesar por el living, el gato ronroneaba sobre la mitad de la cama y en la otra mitad Carmela era carcomida por el insomnio. El disco de jazz ya se había acabado y su cansancio le pedía un poco de silencio. Pero, siempre que el silencio aparecía, las historias y las noctalias que contaban en los campamentos sobre maldiciones y espíritus volvían a atormentar su mente. En un acto de valentía, piso el frío suelo descalza y se dirigió rápido hacia el reproductor de música con el famoso miedo de que le agarren los pies por debajo de la cama. Casi sin mirar al espejo oscuro o algún extremo de la habitación, volvió a acostarse bajo sus sabanas protectoras y se acurruco junto al gato. Las sombras parecían formar caras gritando, siempre gritando, y la poca luz que entraba era de un color inexistente hasta podría decirse que era algo extraterrestre para aquel extraño contraste negro y verdoso. El inodoro hablaba con la heladera, las cosas se caían solas, la vecina de arriba daba vueltas con sus tacos de una forma lenta e inminente, y aquella madrugada, por que ya eran las 3, no podía ser más espeluznante.
Acarició al gato lentamente y pensó en flores, ella amaba las flores, las rosas, los jazmines, las magnolias, las margaritas, miles de estilos y miles de colores diversos. Pensó en su bello collar con la forma de una cala y sonrió de felicidad. En ese instante, el timbre sonó.
Se quedó quieta unos segundos analizando lo que debía hacer, sus padres desde niña le enseñaron a ser cuidadosa porque hay gente mala allá afuera, y para ella “el afuera” era lo que estaba detrás de la puerta. El Pasillo. No había cosa que más le aterrara de noche que el pasillo a oscuras, se lo imaginaba miles de veces como un laberinto sin salida, un túnel infinito, un pasadizo a un lugar realmente maléfico o un trágico agujero negro. Pero alguien había tocado el  timbre y podrían ser sus padres que tuvieron que volver antes o una vecina que se sentía mal.
Se puso las pantuflas sin hacer mucho ruido, fue hacia el living lentamente, se acercó a la puerta tanto como si pudiera ver a través de ella, y luego observo por la mirilla al Pasillo, vacío e iluminado, una contradicción  obvia ya que si la luz estaba prendida alguien la había prendido.
<Hola> dijo con la voz entrecortada <¿Quién es? Estaba muy muy asustada, podía sentir su corazón latiendo y sus piernas temblando haciendo un eco enorme que solo ella en su desesperación escuchaba.  Nadie contestó.
No supo qué hacer así que volvió a su cama como si nada hubiera pasado. Pero escucho un ruido metálico que provenía del Pasillo, alguien podría estar necesitando ayuda, así que volvió a acercarse y miro devuelta por la mirilla, esta vez más atenta que antes. Vio que algo colgaba de ese clavo viejo y oxidado en la pared. Le resulto familiar, cuando diviso bien qué era, se agarró el cuello y noto que su collar no estaba donde debería estar sino que estaba en el temible Pasillo.
Su respiración comenzó a agitarse, su collar de la suerte, Carmela sabía que la suerte no funcionaba así pero los collares eran algo muy especial para ella, entonces, abrió la puerta, salió a buscarlo y entro tan rápido como un suspiro, y luego suspiró apoyada en la madera de la puerta. Se sintió a salvo.
Prendió la luz del living, se paró frente al espejo, acomodo el collar en su pecho y agacho la cabeza para cerrarlo. Justo cuando el ruidito de la perilla indico que el collar había sido cerrado, la luz se apagó. Un hombre la agarro de atrás ahorcándola con el collar mientras ella podía ver en el espejo los relucientes ojos azules de aquel misterioso asesino que creyó reconocer.
Se despertó en su cama asustada y jadeando.  Apenas recordaba las imágenes, pero aun así le aterraban.
<Por fin he conciliado el sueño y tengo una pesadilla> le susurro al gato frustrada. Aun temblando se mira el collar y cierra los ojos. <Fue solo un sueño>Luego escucha que el teléfono suena, atiende sin dejar de pensar en cosas terroríficas y asesinos, y trata de parecer firme. <Hola>.
-        Hola, Carmelita. ¿todo bien? Recién llegamos. ¿Qué hora es?
-        Son las tres de la mañana.
-        Perdón amor por despertarte
-        No estaba dormida a…
-        Acá son las 12 de la noche y el hotel es hermoso, ya entiendo porque tiene 5 estrellas. Bueno…estamos un poco cansados por el viaje… nos vemos luego
-        chau Ma…
Cortó antes de que ella llegara a decir “chau”. Ahora se arrepentía de estar sola y de haberle dicho a sus padres que no llamaran una niñera porque iba a estar bien. Se armó de valor, ya tenía nueve años no podía seguir pensando en monstruos del pasillo y príncipes azules, trato de olvidar la pesadilla y fue hacia la cocina, se comió un caramelo de los que guardaba su mama en una bolsita del cajón bajo el microondas, pero mientras se dirigía hacia su pieza, una carta pasó bajo la puerta.
Estuvo a punto de gritar, en aquel momento, sintió que la puerta era un animal diabólico que iba a aplastarla enseguida. Se sintió chiquita, petisa, y más que nada, débil. Agarro la carta y la observo lentamente, entre sus manos, la prueba de que en realidad no estaba completamente sola.
Miro la puerta detenidamente, abrió el sobre y leyó con atención la nota: “¡qué lindo collar!” Ella ni siquiera miro hacia abajo, ya sabía que no tenía el collar puesto.  Dio vuelta el papel y vio un dibujo hecho por ella, reconoció al personaje enseguida. Se quedó inmóvil.
El asesino de ojos azules.
Comenzó a llorar mientras los pasos de alguien se escuchaban acercarse más y más. El hombre del dibujo la miraba con sus ojos turbulentos del color del mar, mientras en el dibujo con un collar de perlas mataba a una pobre mujer, y al mismo tiempo detrás de ella, el asesino le hablaba haciéndola temblar.
-        ¿Dónde está tu collar, Carmelita? – la voz se escuchaba más que cercana – ¿te ha gustado el sueño?
Y en ese instante, el aliento de alguien rodeo su espalda y unas manos frías cruzaron el cuello colocándole su collar. No se podía mover y no podía defenderse, estaba totalmente aterrada y ya sabía qué iba a suceder.
 Cerró los ojos, no quería verlo. Finalmente se había dado cuenta que el Pasillo no era lo que más le aterraba, sino los ojos azules de aquel asesino que había dibujado hace mucho tiempo.
Y mientras aquellos ojos del dibujo la miraban con frialdad… aquellas suaves manos la ahorcaban con su collar…
Pero el gato inteligente, se preparaba para atacar.
Apenas le mordió la pierna, el collar desapareció y el asesino se esfumo en un recuerdo. El gato quedo panza arriba mirándola fijamente, ella sentía que el cuello se le había achicado y le dolía por montones pero aun así sonrió.  ¿El gato la había salvado? ¿Cómo era todo esto posible? Era verdad, tenía la carta en sus manos. La volvió a leer porque podía ser posible también que las palabras se hayan borrado, pero no, seguían allí. “¿Dónde está tu collar, Carmelita?” Lo dio vuelta y vio algo raro en el dibujo, el asesino de ojos azules tenía en sus manos su maldito collar. Y ahí sí. Ahí sí que no había explicación.
Se dio la vuelta, guardo la carta bajo su almohada y se durmió acurrucada al gato a las 5 de la mañana y francamente fue la peor y la más larga noche de insomnio de su vida. Mañana guardaría la prueba de esa noche en una cajita que nadie en años abrirá más que ella, así que la última pregunta que se hizo antes de dormir fue quién en un futuro lejano encontraría esa carta y qué le diría ella si es que aún estaba viva.


Shasmine Cianne

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Shasmine Cianne



Soy una escritora y blogger freelance con más de 4 años de experiencia. He concurrido a talleres de escritura y he aprendido conceptos básicos de edición de fotografías, diseño web y estrategias de Marketing Digital. Además, soy una estudiante universitaria de Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires.